Me
ingresaron en la cuarta planta, planta que no correspondía con mis
sintomatologías pero era la única habitación con cama libre que me
podían adjudicar.
Ese
día pasó todo muy rápido, no me dió tiempo de parar a pensar en
lo que me estaba pasando y de asimilar en que todo iba a peor.
Tras
varios dias de hospitalización decidieron de hacerme un tac. Mi
doctor estaba tranquilo pese a todas las cosas y esa tranquilidad
siempre intentaba de transmitírnosla. Sobre todo a mi madre que era
la que más mostraba su preocupación y su miedo.
Ese
día del tac debía de estar en ayunas, para que pudieran recogerme
por la mañana y hacerme la prueba.
Tras
esperar toda la mañana y parte de la tarde en ayunas, por el a veces
descontrol y desorganización del hospital, no vinieron a buscarme.
Fue
mi médico quien se personó y me recogió para hacerme el tac.
Siempre
estaba sonriendo y bromeando. Recuerdo como me llevaba en la silla y
bromeaba conmigo mientras jugueteaba con la silla. Una vez en la sala
ya empecé a notar algo de escalofríos por la situación y por
aquella máquina tan extraña para mí. Máquina que acabaría
formando parte de mi vida.
Una
vez finalizada la prueba fue un celador ésta vez quien vino a
recogerme acompañado de mi madre, y no estaba mi doctor. Era extraño,
porque prometió venir a buscarme y subirme de nuevo a mi habitación.
En
ese momento yo ajena a todo,subí a la habitación para descansar.
Tras hacerme el tac dieron unos resultados que mi doctor jamás
esperaba. Lo que vió le horrorizó tanto que no sabía como
comunicárselo a mi familia, y menos a mi madre a la que tanto había
tranquilizado y prometido que no sería nada.
En
el momento de yo subir, avisó a mi padre y mi hermano, ambos que
también estaban allí conmigo y los llevó a una habiatción. Con
titubeo les dió la noticia que jamás esperarían escuchar en toda
sus vidas. Su hermana pequeña y su hija, la menor de todos...tenía
cáncer.
Tras
darles la noticia, no podía incluir más información. Lo único de
lo que les podía informar, era que me debían hacer una biopsia para
confirmar si eran células cancerígenas y que tipo de cáncer.
Mientras
mi madre conmigo en la habitación ya podía intuir algo. Así que
salió fuera y le preguntó a la enfermera, la que no le supo
contestar. Entonces mi madre sin pensarlo dos veces, echó a correr
escaleras abajo hasta la planta donde se encontraban. Corriendo, fue
hacia la habitación y de un portazo abrió la puerta donde se
encontró toda la situación.
El
doctor ya se había ido y solo estaban mi hermano y mi padre. Ambos
allí sentados asumidos en un mar eterno de lágrimas. Por lo cuál,
mi madre ya no hacía falta preguntar por lo que ocurría y su
intuición no falló.
Se
echó a llorar con ellos, todos rotos de dolor. Algo que en mis
adentros siento un sentimiento de culpabilidad por todo el daño que
les he causado. Soy conciente de que es algo que jamás nadie querría
que le ocurriera, pero ese sentimiento es incontrolable.
Al
día siguiente, vinieron tres médicos a mi habitación (momento del
que se me dá la noticia).
Recuerdo
a un médico y dos estudiantes en prácticas y mi hermano.
Al
verlos algo ya se infundó en mí y sabía que no traian buenas
noticias.
Todos
se pusieron en fila y el médico (ya otra persona nueva que empezaría
a llevar mi caso), empezó a hablar y a explicarme.
Su
explicación fue rápida pero con mucha sensibilidad. Aún
recuerdo sus palabras, noticia que no me quería dar tan tajante. Quiso rondar un poco y no ser tan directo. Intentar hacerme el
menor daño posible, dijo: tenemos varias opciones que podrían ser, existen varias posibilidades y entre ellas barajamos
cáncer.
En
ese momento mi cuerpo se paralizó. Todo mi mundo se paró y solo
escuchaba una y mil veces esa palabra en mi cabeza.
Me
llevé las manos a la boca y con cara de asustada pregunté: ¿tengo
cáncer?. Pero rápidamente contestó mi hermano y me tranquilizó,
diciendo que aún no era seguro. Todavía faltaban unas pruebas para
poder confirmar. En el caso que fuera así, que no me preocupara que
de todo se salía y juntos saldríamos de ello. Pero aún así, no
pensara en eso.
Más
tarde, ese mismo día me vinieron a buscar para hacerme la biopsia.
En
ese momento me acompañaban mis padres, mi hermano y mi mejor amiga
desde la infancia.
Antes
de entrar estuvimos esperando fuera un ratito. Todos estaban
angustiados y asustados por los acontecimientos, en cambio yo estaba
bien,tranquila,confiada... Intentaba bromear con todos para romper un
poco el hielo. Todos intentaban sonreir, pero la situación les
superaba.
Cuando
vinieron para meterme dentro yo bromee diciendo adiós como en
“Lluvia de estrellas”.
Dentro
me tumbaron en una camilla muy finita, donde apenas podía moverme
porque podía caerme.
Recuerdo
que hacía mucho frío y me tenía que descubrir de toda la parte de
arriba, ya que la biopsia me la hicieron debajo del pecho.
Entraron
cuatro doctores, tres doctores y una doctora. La doctora al verme el
frío que tenía me echó una sábana por la zona que no me tocarían
y así poder cubrirme un poco.
Me
pusieron anestesia local. Me dijeron que después de la biopsia
debía estar todo el día en reposo sin poder levantarme, ya que me
podía desmayar tras la intervención. Una vez empezaron, estuvieron
todo el tiempo hablándome y bromeando conmigo. Yo les correspondí
de la misma forma.
Una
vez terminaron, el sueño me atrapó. Me llevaron directamente a la
habitación, no sin antes salir y decirles a toda mi familia que me
esperaba fuera y mi mejor amiga, que me encontraba muy bien y que
todo había salido muy bien.
Todos
me dieron un beso y me alagaron como campeona y mi amiga me dió un
besazo y se despidió, ya que tenía que ir a trabajar.
Una
vez en la habitación ya me atrapó del todo el sueño. Me quedé
completamente dormida. Algo que debía hacer tras la intervención,
descansar mucho.
Ya
solo quedaba esperar, esperar a los muy esperados resultados.
Mis
padres que como cristianos y creyentes que son, rezaban sin parar
para que “dentro de lo malo, fuera algo bueno”. Yo en cambio, ni
un solo momento pensé en ello, en que pudiera ser malo. Solo rondaba en mi cabeza que todo lo que estaba sucediendo era un mal
sueño y un día despertaría. Todo sería una mala pesadilla.
Por
la tarde me visitó mi hermana, persona con la que tengo una especial
unión y un especial cariño. Aún no sabía nada. Nadie le había
querido decir nada por su gran sensibilidad, y además, apenas
tenía tiempo por mi sobrino de un añito.
Pues
yo, con mi poco tacto de esos momentos y sin pensar en nada ni nadie,
(a causa de lo que me estaba sucediendo y a la alta dosis de
corticoides que me estaban poniendo, medicamento que altera muchísimo
el estado de ánimo y provoca mucha euforia) pues se lo solté de un
tirón, algo que nunca debí hacer.
Ella
se quedó en shock. Sólo percibí mucho dolor en su mirada.
Intentó
ser fuerte y mantener la entereza hasta que se fuera, y así
hizo.Tras cruzar el umbral de la puerta fué todo lamento y lloros,
mucho lloro y dolor.
Mas
tarde me vinieron a visitar mis amigas. Al igual que a mi hermana se
los solté sin nunca pensar en el dolor que causaría. Algo que hoy
día me doy cuenta y siento muchísimo. Mi actitud no era la más
asertiva en esos momentos, en todo el proceso de hospitalización y
tratamiento.
Al
día siguiente llegaron los resultados.
No
había salido bien. Las fibras que habían cogido estaban muertas,
habían cogido solo tejido muerto. Tenían que volver a repetirla.
Ésta vez lo harían con cirujía en quirófano y anestesia
general. De todo ésto me informó mi nuevo doctor, también muy
dulce y entrañable. Era más joven y también un gran profesional.
Me
operaban al día siguiente.
Tenían
que hacerme una nueva analítica como casi a diario me hacían y la
prueba de la anestesia. Consiste solo en unas preguntas sobre tu
peso, alergias...
Sinceramente
no os puedo contar mucho de mis sentimientos en el tiempo que estuve
hospitalizada. Sólo recuerdo mi insensibilidad, mi apatía y cambios
bruscos de estado de ánimo y mucha euforia, mucha mucha euforia a
causa del corticoides.
Al día siguiente, el día de la operación me llevaron a la
segunda planta junto a mi familia. Recuerdo a mi madre muy nerviosa y
preocupada. Mis hermanos muy preocupados pero con entereza y mi
padre, pues mi padre desde la noticia cambió, se transformó en otra
persona.
Su
semblante era seriedad pura y como perdido. Apenas hablaba, solo me
transmitía con su mirada. Se había derrumbado tanto que se había
vuelto casi autista. Su mirada era indescriptible. Era entrar en un
mar profundo lleno de tristeza, mucha tristeza. Se sentía
decepcionado con la vida por lo que estaba ocurriendo.
Con
muchos besos y ánimos de todos ellos me llevaron a quirófano. Allí
recuerdo al anestesista, la cirujana y enfermeras que me ponían todo
tipo de cables con agujas. Todos ellos jóvenes.
La
cirujana era una persona que transmitía mucha tranquilidad. Yo al
ver todo lo que había, el instrumental, las máquinas, los cables.. cada vez me ponía más nerviosa.
Al
verme la joven cirujana empezó a tranquilizarme, a decirme cosas
bonitas.
Lo
último que recuerdo que me dijo fue: cierra los ojos y sueña con
algo bonito. Me pusieron la inyección con la anestesia y no recuerdo
nada más.
Tras
acabar la operación fueron avisar a mi familia de como había salido
todo.
Al
parecer todo lo simpática que había sido la cirujana conmigo, no lo llevó
a la práctica con mi familia.
Para
mí, una opinión mía propia y personal... Hay personas que por muy
bien que se les dé su trabajo y sean los mejores profesionales, la
empatía nunca hay que perderla y menos la sensibilidad y el tacto
con las personas.
Nada mas salir, mis padres y hermanos todos muy nerviosos esperaban
ansiosos la noticia. Como había salido todo y que aspecto tenía. El poco tacto de esa persona, solo supo decir que la
operación había ido bien y que la pinta que tenía lo más probable
es que fuera maligno. Imaginad mi familia. Sólo de pensarlo mi
corazón se ahoga en llanto. Lo mal que lo pasarían.
A
mi madre la tuvo que sostener mi padre corriendo porque se desmayaba.
Mis hermanos se abrazaron derrumbados. Y mi padre sostuvo a mi madre,
la abrazó tan fuerte que ambos se podían transmitir el dolor, tanto
del uno como del otro.
Mientras
yo, exenta de todo estaba muy dolorida.
En
la operación al sacarme los tejidos, vieron que mi pulmón estaba
completamente lleno de líquido pleural. El cáncer era tan grande
que había oprimido mi pulmón llenándolo de líquido
pleural. Me sacaron 2 litros de líquido y me dejaron un
drenaje. El lugar era bajo la axila derecha, a la altura del pecho.
De ahí me salía un tubo que daba a una bolsa y expulsaba un líquido
amarillo completamente repugnante.
Desde
esa operación mi estado iba a peor.
Estaba
completamente llena de dolor. El drenaje era muy doloroso pese a que
estaba con una bomba de morfina, la que me dejaron un par de días.
Aún así era mucho mucho dolor.
Yo
no podía levantarme de la cama, ni siquiera apenas me podía
incorporar para comer. Sólo necesitaba dormir, pasar los días
dormida sin sentir nada, sin sentir dolor.
Mis
padres no se separaron de mi lado en ningún momento.
Según el hospital solo se podía quedar un familiar por paciente, pero en mi caso hicieron una excepción y todas las noches las pasaba junto a mi padre
y mi madre.
Mi
padre se quedaba a descansar en la butaca, (porque no puedo decir
dormir ya que en esos días ninguno de ellos pudieron descansar). Y mi
madre junto a mí, su cabeza en mis pies y sus pies en mi cabeza.
Cabíamos las dos perfectamente.
Aunque
casi toda la noche se la llevaba levantándose, ya que a cada momento entraba un/una enfermer@, entonces rápido se levantaba y se
ponía de pie.
Los
peores días de toda sus vidas.
El
día de la operación por la tarde, habían venido mis amigas a verme
pero no pude ni decirles hola. Yo solo estaba postrada en la cama
habriendo y cerrando los ojos y la mayoría del tiempo dormida.
Tengo
que decir que tuve muchos pilares muy fuerte e importantes en mi
vida, y además de mi familia, padres, hermanos, tíos, abuela,
primos... Mis amigas fueron para mí un pilar imprescindible para tan
largo camino que debía recorrer.
Sabía
que tenía grandes amigas, grandes personas a mi lado, pero no las
mejores que se puede tener.
Como
persona me siento muy orgullosa de lo que tengo en mi vida y me
rodea, soy muy afortunada.
Con el drenaje estuve
un par de días saliendo líquido sin parar. Aún con la morfina el dolor era
inmenso. Os aseguro que era como si tuviera un puñal clavado
constantemente.
Al
segundo o tercer día me vinieron a visitar el doctor con algunos
estudiantes en prácticas. Al verme el drenaje, decidieron quitármelo.
Tras irse llegaron dos enfermeros, una enfermera y un enfermero.
Personas muy simpáticas. Cuando prepararon todo el instrumental se
dispusieron a tirar del tubo.
La
sensación fue horrible y muy dolorosa. Sentía como salía muy
poco a poco el tubo de mi costado y notaba como si me estuviera quemando.
Muchas sensaciones a la vez y lo único que recuerdo bien y
nunca olvidaré es ese dolor tan específico. Dolor que jamás olvidaré
como muchos otros dolores de ésta historia que más adelante os
contaré.
Ese
día lógicamente lo pasé mejor que los anteriores, ya me podía
levantar y caminar.
Me
visitaron mis familiares y mis amigas. Estuve más entretenida, pero
continuaba mi euforia y mis cambios de estados de ánimos.
Al
día siguiente lo volví a pasar algo mal. El dolor de la herida se
hacía insoportable. Me supuraba cada vez que tosía o hacía
cualquier movimiento brusco,lo que hacía que me tuviera que cambiar
de pijama tres y cuatro veces al día.
Mi
cabeza empezaba a recobrar vida. Empecé a darme cuenta de lo que
estaba pasando.
El
miedo empezó a envolverme. Mucho temor y dudas acechaban mi cabeza.
Empezaron a entrarme taquicardias, ansiedad, a angustiarme más por
cada segundo que pasaba. Mi madre tuvo que llamar al enfermero y éste
a mi médico.
Notaba que mi pecho se quedaba sin aire. Mis pulsaciones se aceleraban
hasta casi ni sentirlas y un miedo que hacía volverme loca.
Muchos
pensamientos a la vez, muchísimo miedo.
Mi
médico rápidamente vino a verme (aunque me habían metido una
pastilla bajo la lengua yo seguía igual). Me aconsejó avisar
al psicólogo del hospital, pero directamente me opuse. No sentía la
necesidad de hablar con nadie, solo que todo lo que estaba ocurriendo
se convirtiera en una pesadilla y dejara de ser verdad. Salir del hospital
y continuar con mi vida como cualquier persona.
Pero
mi doctor insistió, así que después de varios intentos acepté. A
los 15 minutos de irse llegó una psicóloga, que muy a mi pesar no
me sirvió en absoluto. No por ella, sino por mí.
No
estaba colaborando como ella me pedía y debía hacer. Solo me
preguntaba: a qué tenía miedo, y yo sólo sabía contestar: a
perder mi pelo. No quiero perder mi pelo, no quiero quedarme calva.
La
angustia cada vez se apoderaba más de mí y la charla pese a que no
llevábamos ni 10 minutos se me hizo eterna.
Para
que me dejara en paz le dije que no quería seguir hablando, que
estaba muy cansada y quería dormir. Se despidió y me dijo
que en cualquier momento que la necesitara estaría totalmente a mi
disposición.
Me trató muy bien y tuvo mucha paciencia, pero
no sentía la necesidad de continuar hablando.
Al marcharse entró mi madre y mi hermana. Me hicieron calmar
un poco y descansar. Ésta vez si era cierto que me
encontraba muy cansada y necesitaba dormir, así que me eché y dormí
durante toda la tarde.
A
la mañana siguiente, me seguía encontrando mal, acelerada y con
ansiedad. Estaba muy nerviosa. Sentía que el hospital me estaba
consumiendo por cada momento que pasaba, no aguantaba pasar un día
más allí encerrada.
Durante
todo el día pedí que me dieran el alta, que me dejaran marchar para
mi casa. Pero por mi estado no querían dejarme marchar.
Yo sabía que allí solo empeoraría. Sólo en mi casa empezaría
a encontrarme mejor y ese miedo que me envolvía desaparecería solo
en mi hogar.
Tras
mucho insistir, el médico aceptó. Podría marcharme al día siguiente. Antes, esa misma noche, volvería a pasar por otro
infierno.
Habiendo pasado la enfermera con mi medicación y haberme dejado
una tila bien caliente, llegó el momento de apagar las luces y
dormir.
Esa
noche mi padre se fué a dormir a mi casa, sabiendo que al día
siguiente me daban el alta. Esa noche solo estaba mi madre conmigo.
La
tila me había dejado muy relajada, pero sólo al principio de la
noche.
A
medida que iban pasando las horas y notaba que no podía dormir me
ponía más nerviosa, me volvía la ansiedad, volvía a invadirme esa
locura.
Cada
vez que mi madre cerraba los ojos, hacía que volviera abrirlos. No
quería quedarme sola, no soportaba ver que ella descansaba y yo no
podía.
Me
convertí en una persona sumamente egoísta motivo del miedo que
tenía.
Cada cinco minutos le pedía que me llevara al baño. Mi
madre con mucha paciencia sobrellevaba mi actitud. Aún a día de hoy, no sé como
pudo aguantar, como pudo aguantarme esa noche.
Llamaba
al enfermero cada 15 minutos para que me pudieran dar algo para
descansar, pero ya no podían volver a darme nada más. Ya me habían
dado un ansiolítico como cada noche para dormir.
¡Maldita
noche que nunca acababa!. No llegaba el momento de amanecer y yo continuaba con
mi miedo. Desesperada, sin querer, haciéndole pasar a mi madre la
peor noche de su vida.
Por
fin amaneció y llegó la mañana. Tras visitarme el médico me dijo
que ya podía volver a mi casa. Aunque los resultados todavía no
estaban, pero me lo comunicarían por teléfono.
Me
recogió mi hermano. Mi padre ya se había incorporado al trabajo
después de haber desaparecido durante al menos una semana. Desde
que le dieron la noticia y se sumergió en su mundo, desconectó el móvil
y no avisó a nadie. Llegaríamos a mi casa y no lo veríamos hasta el mediodía.
La
llegada a mi casa fue por un lado paz y por otro dolor.
Al abrir la
puerta sentí la dulce paz de mi casa, mucha calma. Cuando entramos echamos en falta una foto mía que estaba en la entrada. Mi
madre se fue para su habitación y se dió cuenta que mi padre la
había cogido para ponérsela en su mesita de noche, mirando hacia él
con muchos santos.
He
ahí donde sentí el tremendo dolor que tenía mi padre, la mala
noche que habría pasado roto de dolor y llorando por su niña
pequeña, porque todo fuera un mal sueño, porque todo acabara y
nunca más volviéramos a pasar por aquellos días... Lo que daría él
como padre estar en mi lugar en vez de pasarlo su hija, su pequeña
hija, la niña de sus ojos... Fué un momento terriblemente triste.
Al
dejar todas las cosas, me dí una ducha llena de energía para
poder así recobrar un poco el conocimiento de todo y ser consciente
de todo lo que había pasado y como lo había pasado. Volvía a aquel
baño
en
el que tantas veces intuí que me pasaba algo.
En
todo el tiempo del hospital no quise derramar ninguna lágrima para
no hacer sufrir más a mis padres, ya demasiado con lo ocurrido como
para encima yo no estar entera y animarles yo a ellos.
En
el momento del baño solté todo lo que llevaba dentro, todo mi dolor
y mi miedo. Intenté pedirle ayuda a DIOS y que me pudiera escuchar.
Sentía que mi corazón no tenía latido, no tenía vida. Había sido
destrozado en mil pedazos por la noticia de la enfermedad. Eran
muchos sentimientos y a la vez contradictorios.
Después
de pasar un rato en el baño, salí y me acosté a dormir en mi cama. Cama que echaba tanto en falta como el respirar. Me tumbé y
enseguida me quedé dormida.
En
el almuerzo, ya mi padre había regresado de trabajar y todos nos
sentamos a comer.
Mientras
comíamos sonó el teléfono.
Mis piernas empezaron a temblar y mi
corazón empezó a latir a mucha velocidad. Lo cogió mi madre y como
bien temíamos era mi doctor para informarnos de los resultados.
Nada
más darle la noticia a mi madre le pidió que me pasara el teléfono
para hablar con él. Así darme la noticia a mí,directamente.
Aún
recuerdo sus palabras : ya tenemos los resultados y dentro de lo malo
es una buena noticia. Tienes linfoma de hodgkin tipo bulking en el
mediastino.
Existen
hodgkin y no hodgkin. El mío era el mejor de los dos, el mejor que
podía tener. Tipo bulking era por el tamaño del linfoma, porque era
extremadamente grande, motivo por el cual me oprimió el pulmón
derecho e incluso parte del corazón, donde también había provocado un
pequeño derrame (sin importancia) que se reabsorvería solo con el
tiempo.
No
os puedo contar como me tomé la noticia porque hoy día ni lo sé.
Una parte de mí, sabiendo que el cáncer lo tenía, no quería
creerlo y aún tenía esperanzas para que no pasara. Por ese motivo
por una parte sentí decepción y por otra tranquilidad al decirme
que era lo mejor que me podía pasar en mis circunstancias, y no era
malo.No me iba a morir.