martes, 11 de noviembre de 2014

Viviendo un sueño...

Cuando me desperté, y tras haberlo meditado durante toda la noche, decidí contarle a mi madre que iba a dejar los estudios ya que no me sentía capaz de conseguirlo. Ella, como ya me había dicho anteriormente, me apoyaría en cualquier decisión que tomara.
Esa misma tarde, antes de ir a recoger al chico, mi compañera de clase, una de mis mejores amigas, me llamó. Quería verme porque notó que me pasaba algo. Notó que no estaba bien. Entonces quedé con ella antes de ir a recoger al chico y le comenté mi decisión con respecto a los estudios. Al contárselo se negó en rotundo. No quería que a falta de una evaluación lo echara todo a perder. Después de todo lo que había luchado... para ahora abandonar. Pero yo insistí; estaba decidida. Tras hablar un par de horas con ella me hizo recordar todo mi esfuerzo. Aún así, yo seguía en mis trece.
Llegó la hora de recoger al chico así que nos despedimos pero no sin antes volver a recordarme que no lo iba a consentir; no me dejaría abandonar. Ella prometió encargarse de todo. Incluso hablaría con mi tutora si fuera necesario. Haría todo lo posible porque yo cambiara de opinión antes de volver a empezar las clases.

Cuando me monté en el coche mis piernas temblaban, todo mi cuerpo era un flan, estaba muy nerviosa por verlo. Era extraño pero sentía la necesidad de abrazarlo.
Al llegar a la estación ya estaba esperándome. Me bajé del coche para saludarlo y él se vino hacia a mí y me dió un abrazo fortísimo; un abrazo lleno de fuerza y energía. Entonces yo le correspondí con el mismo entusiasmo. Al abrazarlo estaba temblando, estaba muerto de nervios y saltaba a la vista. Le ayudé con su maleta y nos dispusimos a ir a casa de mi hermana. A mi madre no le había contado nada, solo le dije que me iría a pasar el fin de semana a casa de mi hermana, como tan habitual era.
Cuando llegamos a ambos nos temblaban las piernas de los nervios, se nos veía a legua que estábamos muy cortados. Ya que nosotros no éramos capaces de romper el hielo, mi hermana y mi cuñado fueron los que tomaron la iniciativa. Nos hicieron pasar a la habitación para que él dejara la maleta y nos enseñaron donde íbamos a dormir.
Para nuestra sorpresa, dormiríamos en la misma habitación, aunque en camas separadas, pero entre las mismas cuatro paredes. Ambos, al verlo, nos ruborizamos y nos quedamos completamente callados.

En ningún momento estuvimos incómodos; todo lo contrario, a medida que iba transcurriendo el tiempo todo fluía con naturalidad. Hubo bastante conexión.
Después de cenar los cuatro, estuvimos un rato charlando, riendo, concociéndonos un poco más... Cuando llegó la hora de irnos a la cama continuamos charlando en la habitación; nunca nos cansábamos de hablar. Pasaron las horas y continuábamos charlando hasta que vimos amanecer. Entonces decidimos dormir un poco para poder aprovechar el día siguiente y no estar muertos de cansancio.
Dormimos un poco y nos despertamos algo tarde. Decidimos comer y luego salir y disfrutar de la tarde. El día no acompañaba demasiado. Llovía mucho y hacía frío, pero eso nos gustaba.Coincidíamos en muchas cosas y una de ellas era la lluvia.
Cuando comimos,nos duchamos y nos fuimos a dar un paseo. Él quería ir a comprar un libro que le habían recomendado, entonces lo llevé a varios lugares y al no encontrarlo por ningún sitio, fuimos a un centro comercial como último recurso. Allí paseamos y fuimos por las tiendas buscando el libro, pero con tan mala suerte que no lo encontró.

Al ver que se acercaba ya la hora de cenar, decidimos hacer tiempo y continuar paseando para luego cenar en el Burger King. Pero al ver la cantidad de gente que había esperando para pedir y lo poco que nos gustaba estar entre tanto bullicio, pensamos que sería buena idea comer en el coche tranquilos, sin que nada ni nadie nos molestara.
Cuando pedimos,no sabía donde llevarlo; cualquier sitio estaría bien, pero quería un lugar donde ni siquiera escucháramos el ruido de los coches, un lugar donde luego quedarnos para poder continuar con nuestras charlas interminables. Entonces decidí que el mejor sitio sería la playa. Ver el mar me relajaba; escuchar las olas como rompían me transmitía mucha paz. Había dejado de llover y aunque seguía haciendo frío la noche era perfecta. Podíamos ver entre las nubes grises algunas estrellas que asomaban.
Cuando terminamos de comer puse música que nos gustara a los dos. Entonces ví el cd de Evanescence (Fallen), ¡este nos encantaba!. A medida que iban pasando las horas todo se hacía más perfecto. Hablábamos y hablábamos sin parar, y por un momento nos quedamos en silencio,escuchando el mar,como rompían aquellas olas, escuchando el silencio de la noche con la música de fondo. Entonces ambos coincidimos en que lo único que faltaba para que la noche fuera redonda era que lloviera. No solo unas gotitas, que lloviera mucho, que lloviera fuerte... y para nuestra sorpresa no pasaron ni 15 minutos y empezó a diluviar. Ambos nos miramos y empezamos a reír; no podía ser más perfecto todo. Aquello que queríamos lo teníamos. La noche se estaba convirtiendo en una de las noches de mi vida, por no decir, la mejor de todas.
Después de tantos meses me sentía feliz de nuevo, me sentía llena; era increíble como aquella persona cumplió sus palabras: haría que me olvidara de todo e incluso de mi enfermedad, cosa que era casi imposible, pero lo logró. Pensaba que tenía la vida más espantosa del mundo y él hizo que en esos momentos me sintiera afortunada por todo lo que tenía.
Al ver que se nos hacía tarde y empezábamos a tener frío regresamos a casa de mi hermana.
Esa noche dormimos de un tirón.









1 comentario:

  1. Maravilloso encuentro d amor, llegó tu ángel d la guarda

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