Cuando
me desperté, y tras haberlo meditado durante toda la noche, decidí
contarle a mi madre que iba a dejar los estudios ya que no me sentía
capaz de conseguirlo. Ella, como ya me había dicho anteriormente, me
apoyaría en cualquier decisión que tomara.
Esa
misma tarde, antes de ir a recoger al chico, mi compañera de clase,
una de mis mejores amigas, me llamó. Quería verme porque notó que
me pasaba algo. Notó que no estaba bien. Entonces quedé con ella
antes de ir a recoger al chico y le comenté mi decisión con
respecto a los estudios. Al contárselo se negó en rotundo. No
quería que a falta de una evaluación lo echara todo a perder.
Después de todo lo que había luchado... para ahora abandonar. Pero
yo insistí; estaba decidida. Tras hablar un par de horas con ella me
hizo recordar todo mi esfuerzo. Aún así, yo seguía en mis trece.
Llegó
la hora de recoger al chico así que nos despedimos pero no sin antes
volver a recordarme que no lo iba a consentir; no me dejaría
abandonar. Ella prometió encargarse de todo. Incluso hablaría con
mi tutora si fuera necesario. Haría todo lo posible porque yo
cambiara de opinión antes de volver a empezar las clases.
Cuando
me monté en el coche mis piernas temblaban, todo mi cuerpo era un
flan, estaba muy nerviosa por verlo. Era
extraño pero sentía la necesidad de abrazarlo.
Al
llegar a la estación ya estaba esperándome. Me bajé del coche para
saludarlo y él se vino hacia a mí y me dió un abrazo fortísimo;
un abrazo lleno de fuerza y energía. Entonces yo le correspondí con
el mismo entusiasmo. Al abrazarlo estaba temblando, estaba muerto de
nervios y saltaba a la vista. Le ayudé con su maleta y nos
dispusimos a ir a casa de mi hermana. A mi madre no le había contado
nada, solo le dije que me iría a pasar el fin de semana a casa de mi
hermana, como tan habitual era.
Cuando
llegamos a ambos nos temblaban las piernas de los nervios, se nos
veía a legua que estábamos muy cortados. Ya que nosotros no éramos
capaces de romper el hielo, mi hermana y mi cuñado fueron los que
tomaron la iniciativa. Nos hicieron pasar a la habitación para que
él dejara la maleta y nos enseñaron donde íbamos a dormir.
Para
nuestra sorpresa, dormiríamos en la misma habitación, aunque en
camas separadas, pero entre las mismas cuatro paredes. Ambos, al
verlo, nos ruborizamos y nos quedamos completamente callados.
En
ningún momento estuvimos incómodos; todo lo contrario, a medida que
iba transcurriendo el tiempo todo fluía con naturalidad. Hubo
bastante conexión.
Después
de cenar los cuatro, estuvimos un rato charlando, riendo,
concociéndonos un poco más... Cuando llegó la hora de irnos a la
cama continuamos charlando en la habitación; nunca nos cansábamos
de hablar. Pasaron las horas y continuábamos charlando hasta que
vimos amanecer. Entonces decidimos dormir un poco para poder
aprovechar el día siguiente y no estar muertos de cansancio.
Dormimos
un poco y nos despertamos algo tarde. Decidimos comer y luego salir y
disfrutar de la tarde. El día no acompañaba demasiado. Llovía
mucho y hacía frío, pero eso nos gustaba.Coincidíamos en muchas
cosas y una de ellas era la lluvia.
Cuando
comimos,nos duchamos y nos fuimos a dar un paseo. Él quería ir a
comprar un libro que le habían recomendado, entonces lo llevé a
varios lugares y al no encontrarlo por ningún sitio, fuimos a un
centro comercial como último recurso. Allí paseamos y fuimos por
las tiendas buscando el libro, pero con tan mala suerte que no lo
encontró.
Al
ver que se acercaba ya la hora de cenar, decidimos hacer tiempo y
continuar paseando para luego cenar en el Burger King. Pero al
ver la cantidad de gente que había esperando para pedir y lo poco
que nos gustaba estar entre tanto bullicio, pensamos que sería buena
idea comer en el coche tranquilos, sin que nada ni nadie nos
molestara.
Cuando
pedimos,no sabía donde llevarlo; cualquier sitio estaría bien, pero
quería un lugar donde ni siquiera escucháramos el ruido de los
coches, un lugar donde luego quedarnos para poder continuar con
nuestras charlas interminables. Entonces decidí que el mejor sitio
sería la playa. Ver el mar me relajaba; escuchar las olas como
rompían me transmitía mucha paz. Había dejado de llover y aunque
seguía haciendo frío la noche era perfecta. Podíamos ver entre las
nubes grises algunas estrellas que asomaban.
Cuando
terminamos de comer puse música que nos gustara a los dos. Entonces
ví el cd de Evanescence (Fallen), ¡este nos encantaba!. A medida
que iban pasando las horas todo se hacía más perfecto. Hablábamos
y hablábamos sin parar, y por un momento nos quedamos en
silencio,escuchando el mar,como rompían aquellas olas, escuchando el
silencio de la noche con la música de fondo. Entonces ambos
coincidimos en que lo único que faltaba para que la noche fuera
redonda era que lloviera. No solo unas gotitas, que lloviera mucho,
que lloviera fuerte... y para nuestra sorpresa no pasaron ni 15
minutos y empezó a diluviar. Ambos nos miramos y empezamos a reír;
no podía ser más perfecto todo. Aquello que queríamos lo teníamos.
La noche se estaba convirtiendo en una de las noches de mi vida, por
no decir, la mejor de todas.
Después
de tantos meses me sentía feliz de nuevo, me sentía llena; era
increíble como aquella persona cumplió sus palabras: haría que me
olvidara de todo e incluso de mi enfermedad, cosa que era casi
imposible, pero lo logró. Pensaba que tenía la vida más espantosa
del mundo y él hizo que en esos momentos me sintiera afortunada por
todo lo que tenía.
Al
ver que se nos hacía tarde y empezábamos a tener frío regresamos a
casa de mi hermana.
Esa
noche dormimos de un tirón.
Maravilloso encuentro d amor, llegó tu ángel d la guarda
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