Después
de la última quimio, el tiempo pasó... Pasó como se supone que
pasa la vida. Pasaron los días, las semanas. Había días en que las
secuelas del tratamiento se acrecentaban.
He
de confesar que mi pelo se convirtió en una verdadera obsesión y me
gustaría que se entendiera la razón por la cual le dí tanta
importancia al cabello.
El
cáncer me lo detectan con 26 años recién cumplidos. En ese
momento, soy una mujer joven, con una larga melena cuidada y teñida
con frecuencia. Me gusta salir y relacionarme con gente de mi edad.
Como cualquier muchacha del siglo XXI, una de mis mayores
preocupaciones era el físico. Y para mí, el pelo era fundamental en
mi imagen y en mi vida.
Siempre
asociamos el cáncer con la imagen de una cabeza calva. Nunca
llegamos a pensar en cómo reaccionaríamos si nos sucediera a
nosotros, porque jamás llegamos a aceptar la idea que nos pudiera
pasar algo así y cuando pasa, a veces no damos la importancia a las
cosas que verdaderamente las tienen y nos centramos en algo más
superficial. Pues eso es exactamente lo que me pasó. Pero no te das
cuenta hasta que pasa el tiempo y empiezas a asimilar por lo que has
pasado.
Mis
días se convirtieron en una obsesión constante con el pelo. Cuidaba
todo tipo de detalles para que se me cayera lo menos posible. Uno de
los primeros días que me duché estando con la quimio pensé: “los
poros con el agua caliente se abren; es decir, que los poros de la
cabeza cada vez que me la lavo se abren, pero si por último me doy
con agua helada será así como se cierren”.
Entonces
cogí ese hecho por rutina: siempre acabaría enjuagándome la cabeza
con agua puramente fría, por mucho frío que pudiera hacer. Otra de
las cosas era que siempre estaba pendiente a la ropa, al pijama y a
la almohada. Cada vez que me levantaba no podía ir al baño sin
antes haber mirado mi almohada y la sábana. A veces incluso cuando
me encontraba poca cantidad, lo contaba... Contaba pelo a pelo para
saber cuántos se habían caído en ese momento. Pero lo que era una
obsesión para mí, también se convirtió en una obsesión para los
míos, sobre todo para mi madre. Ella sabía la importancia que tenía
el pelo para mí y para intentar que yo no sufriera con ello,
aprovechaba el momento en el que iba al baño para rápidamente ir a
mi cuarto y borrar toda huella que los pelos dejaban en mi almohada.
Pobrecita… cada vez que yo no estaba en mi cuarto iba y recogía
todos los pelos que se me habían caído… y todo por tal que yo no
me diera cuenta de la caída de mi pelo… Yo, por supuesto, me daba
cuenta aunque nunca se lo dije directamente. Hasta que un día fui al
baño y tardé menos de lo habitual. Entonces llegué a mi cuarto y
me encontré a mi madre recogiendo aquellos pelos que se habían
desprendido de mi cabeza. Ella intentó ser todo lo natural que le
salió en aquel momento. Aunque en su interior estaba cortadísima,
reaccionó de manera natural porque no quería mostrarme la
importancia que estaba suponiendo también para ella; no quizás por
mi familia o por los demás, sino por miedo a cómo podría llegar a
afectarme el perderlo.
Mis
días transcurrían como lo hacen para cualquier persona, pero no era
la misma vida que la de cualquier otro; era diferente. Había días
en los que me encontraba bien, otros no tan bien y otros horrible…
Recuerdo
un día en especial que me levanté como una mañana cualquiera. Me
encontraba bien, cansada pero como siempre, para mí eso era el pan
de cada día. En el almuerzo recuerdo que tenía mucha hambre y mi
madre preparó una de mis comidas preferidas: puchero. Yo me senté y
con muchas ganas me lo comí todo, pero con tan mala suerte que
cuando me fui a meter la última cucharada me entró fatiga. Intenté
rápidamente levantarme para ir al baño, pero desgraciadamente no
tuve tiempo de llegar y me quedé a mitad de camino. En cuanto pude
fui corriendo hasta que llegué y entonces ya no pude parar de
vomitar.
Los
vómitos de la quimio no son unos vómitos como otros cualquiera. Es
complicado de explicar, pero es que todo te viene hacia arriba y todo
lo echas, con una velocidad que no te da tiempo ni a coger una
bocanada de aire. Le tenía tanto pánico al vómito porque dejaba
todas mis fuerzas en él y llegaba a perder el equilibrio y casi
desvanecerme. Mi madre, corriendo vino detrás mía y cuando me vio,
me sujetó con mucha rapidez y me sostuvo como pudo. Fue un momento
en el que se asustó muchísimo.
Pasadas
varias semanas comenzaba a sentir que por fin me empezaba a
recuperar; que por fin empezaba a recuperar mi vida... ésa que tanto
anhelaba.
Se
acercaba el día de terminar las clases… pero antes debía aprobar
los exámenes finales, algo que no sucedió. Tampoco me preocupaba
demasiado porque sabía que tenía dos posibilidades más, así que
me puse en marcha y a estudiar todo lo que estaba en mis manos porque
ese curso lo tenía que sacar fuera como fuese. Tenía pocos días
para estudiar, pocos días para aprovechar al máximo mi rendimiento
y esforzarme para cumplir ese objetivo.
Recuerdo
que el día del examen estaba hecha un flan; muy nerviosa. Éramos al
menos casi media clase los que teníamos que recuperar y todos
estábamos atacadísimos. Cuando llegó mi turno me encontraba muy
nerviosa pero a la vez muy segura de mí misma. Había luchado
muchísimo para obtener el aprobado y así debía suceder. Entré, me
senté y me puso el audio. Cuando lo escuché me quedé muy
sorprendida de lo ligero que hablaba; ninguna persona habla así de
rápido, pero aquella profesora tenía que poner el examen más
complicado que pudiera, así era ella. Era un texto extenso, pero me
centré y me puse en marcha. Puso la grabación y rápidamente me
dispuse a signar, todo fluía. Omití algunos signos que no me dio
tiempo, pero hice todo el texto. Estaba segura que lo había hecho
bien.
A
la semana siguiente me dieron las notas… esas notas tan esperadas,
tan sufridas y que tanto esfuerzo me había supuesto, y… ¡¡¡HABÍA
APROBADO!!! Cumplí definitivamente mi objetivo. Conseguí ese título
que tanto me había costado y por el que tanto había peleado. Me
encontraba muy contenta; todo marchaba muy bien. Poco a poco iban
llegando los logros por los que tanto había luchado.
El
día de mi graduación fue muy emocionante. En un principio no quise
ir. Pensé que no tendría las fuerzas suficientes como para ir a una
cena y pasar toda la noche, ni tan siquiera media hora… No me
encontraba con cuerpo, además de no encontrarme físicamente
agraciada ya que estaba empezando a palidecer y tenía muy poca
cantidad de pelo. Mis amigas insistieron tanto que al final me
convencieron. Iba a ser el último día juntas; el último día de
todo el centro juntos. Así que cedí.
Pero
antes debía pasar por la peluquería. Tenía que hacerme algo en el
pelo para que se me notara lo menos posible toda la claridad de mi
cabeza. Entonces le comenté al peluquero que me iba a poner
extensiones. Le expliqué el problema que tenía y entonces él me
dijo que me sentara y que no me preocupara ya que estaba acostumbrado
a ese tipo de situaciones. Aquel momento fue angustioso para mí.
Antes de iniciar el proceso de ponerme las extensiones, intentó
darme algo de volumen con los dedos… ¡dios, que horror!. Los pelos
empezaron a caer como si de una lluvia se tratara. Por pudor, me
callé y no le dije nada pero qué sufrimiento tenía… lo pasé
verdaderamente mal. Por un momento sentí que me quedaba calva...
Cuando
me las puso, todo el mal trago se me pasó; ¡me vi con pelos! como
hacía tanto tiempo que no me veía. Qué feliz me sentí… aunque
he de confesar que tenía miedo por la presión que hacían las
extensiones en mi pelo ya que podían debilitármelo más y el resto
que me quedaba caérseme. Pero decidí no pensar y disfrutar de ese
gran día.
En
la graduación me acompañaron mi hermana, mi cuñado y mi madre. Ni
mi padre ni mi chico pudieron estar conmigo. Se sentían tristes por
no poder estar a mi lado ese día tan especial, pero les era
imposible. Cuando llegué todos estaban allí guapísimos/as, muy
contentos e ilusionados. Años atrás me había graduado en otro
Ciclo de Grado Superior: “Integración social”, pero jamás vi
aquello como lo estaba aquel día. Estaba repleto de familiares;
había cientos de personas, ¡qué vergüenza!. Iban nombrando de dos
en dos. Mi familia estuvo a la espera de escuchar mi nombre para
poder hacerme todas las fotos posibles y grabar ese momento. Cuando
me nombraron, yo y mi compañera hicimos a la vez el pasillito hasta
llegar a los profesores que nos ponían las bandas y nos daban los
diplomas. Para culminar el acto de graduación, uno de mis compañeros
leyó una carta agradeciendo a todos nosotros y al centro el año tan
bonito que habíamos pasado; con lo bueno y lo malo...
En
ese momento me encontraba hablando con una amiga y de repente sentí
que me llamaban todos y me pidieron que estuviera atenta a mi
compañero. Jamás esperaría la sorpresa que me tenían guardada. Me
hicieron como un pequeño homenaje. Gran detalle por parte de todos
mis compañeros; en especial a dos amigas ¡¡¡fue precioso!!!. No
tenía palabras de agradecimiento. Mi familia y todos nos emocionamos
muchísimo; fue algo inolvidable. ¡GRACIAS a todo@s!. Al final duré
poquito en la cena pero me lo pasé genial.
Al
día siguiente, me metí en la ducha y noté que el pelo se me caía
un poco más de lo habitual, pero sabía que ocurriría por la
presión que habían ejercido las extensiones en mi pelo durante todo
el día anterior. Aunque cuando me lavé la cabeza me asusté
bastante… Pensé que me quedaba sin pelo, que esta vez se me
caerían todos. Me traje puñados y puñados de pelos; me puse tan
nerviosa que empecé a llorar. Pensaba que había llegado el tan
horrible momento de quedarme sin cabello… al rato, cuando tuve
fuerzas para tocarme y comprobé que todo se había parado ya me
calmé. Al final de aquellos días me quedé con muy poca cantidad.
Para disimularlo, me pasaba las horas en el baño para ponerme una
muy pequeña cola con extensiones cogidas en ella. Intentaba por
todos los medios que mi pelo continuara cubriendo mi cabeza…
El
tiempo pasó muy rápido; apenas pude aprovecharlo para que me diera
el sol y pudiera coger algo de color y para intentar quitarme aquella
palidez tan grande que tenía mi cuerpo. No era la típica blancura
que todos tenemos en el comienzo de verano. Se notaba a distancia que
era una blancura “no muy normal”.
La
quimio, además de provocarme algunos de los efectos secundarios
mencionados en anteriores capítulos, también me dejó muchas
señales y manchas en mi cuerpo grabadas. Cada golpe que me daba se
me quedaba marcado; cualquier cardenal e incluso el simple hecho de
rascarme algo más fuerte de lo habitual ya me dejaba la señal de
los arañazos… me sentía un ogro. Esto también comenzó a
obsesionarme ya que me sentía que quedaría marcada para siempre y
tenía ya demasiadas marcas en mi piel… Me preocupé hasta que un
día -que nunca olvidaré-, estaba con mi chico y hubo un momento que
mi mirada se paró en una de aquellas manchas. Acababa de descubrir
otra maldita marca en mi piel y mi mirada se clavó en ella. Al verme
y sentirme tan fea no pude controlarme y me desahogué... Mi chico al
verme tan mal me hizo un comentario que se me quedó muy grabado (más
grabado que aquellas manchas…) Me dijo: “no te sientas así, para
mí cada marca de tu piel es un adorno en ella”, fue algo precioso.
Me hizo sentir con esa frase bella e incluso segura de mí misma. Es
una persona tan especial que nunca tendría palabras para
describirlo. Es tan especial como un ÁNGEL.
Tras
pasar un mes y medio, llegaba el momento de la cita con la radióloga…
De nuevo debía ponerme en marcha y continuar el tan duro camino,
aunque ya sentía que para mí era pan comido. Recuperé las fuerzas
y de nuevo sentí que podía con todo. Me encontraba bien
psicológicamente, que es la mayor de las fuerzas que puede tener una
persona que esta pasando por esta enfermedad. De nuevo con el apoyo
de mi familia, mi chico y esa fuerza que la sacaba de mis adentros
lucharía hasta el final con uñas y dientes. Estaba dispuesta a
pasar por lo que fuera sin que esta vez me superara nada ni nadie.
Os
espero el próximo lunes con el siguiente relato de mi experiencia.
Deseo que disfrutéis y aprendáis con ella como os intento
transmitir. Gracias por seguirme.
Ánimo, sigue desahogándote en este maravilloso relato, q una vez más pone color al sentido d la vida! Muack!
ResponderEliminar¡¡¡Graciasssss mi amor por tu gran apoyo!!!Te quiero wapaa.
ResponderEliminar