lunes, 1 de diciembre de 2014

Por los "pelos" :p

Después de la última quimio, el tiempo pasó... Pasó como se supone que pasa la vida. Pasaron los días, las semanas. Había días en que las secuelas del tratamiento se acrecentaban.
He de confesar que mi pelo se convirtió en una verdadera obsesión y me gustaría que se entendiera la razón por la cual le dí tanta importancia al cabello.
El cáncer me lo detectan con 26 años recién cumplidos. En ese momento, soy una mujer joven, con una larga melena cuidada y teñida con frecuencia. Me gusta salir y relacionarme con gente de mi edad. Como cualquier muchacha del siglo XXI, una de mis mayores preocupaciones era el físico. Y para mí, el pelo era fundamental en mi imagen y en mi vida.
Siempre asociamos el cáncer con la imagen de una cabeza calva. Nunca llegamos a pensar en cómo reaccionaríamos si nos sucediera a nosotros, porque jamás llegamos a aceptar la idea que nos pudiera pasar algo así y cuando pasa, a veces no damos la importancia a las cosas que verdaderamente las tienen y nos centramos en algo más superficial. Pues eso es exactamente lo que me pasó. Pero no te das cuenta hasta que pasa el tiempo y empiezas a asimilar por lo que has pasado.
Mis días se convirtieron en una obsesión constante con el pelo. Cuidaba todo tipo de detalles para que se me cayera lo menos posible. Uno de los primeros días que me duché estando con la quimio pensé: “los poros con el agua caliente se abren; es decir, que los poros de la cabeza cada vez que me la lavo se abren, pero si por último me doy con agua helada será así como se cierren”.
Entonces cogí ese hecho por rutina: siempre acabaría enjuagándome la cabeza con agua puramente fría, por mucho frío que pudiera hacer. Otra de las cosas era que siempre estaba pendiente a la ropa, al pijama y a la almohada. Cada vez que me levantaba no podía ir al baño sin antes haber mirado mi almohada y la sábana. A veces incluso cuando me encontraba poca cantidad, lo contaba... Contaba pelo a pelo para saber cuántos se habían caído en ese momento. Pero lo que era una obsesión para mí, también se convirtió en una obsesión para los míos, sobre todo para mi madre. Ella sabía la importancia que tenía el pelo para mí y para intentar que yo no sufriera con ello, aprovechaba el momento en el que iba al baño para rápidamente ir a mi cuarto y borrar toda huella que los pelos dejaban en mi almohada. Pobrecita… cada vez que yo no estaba en mi cuarto iba y recogía todos los pelos que se me habían caído… y todo por tal que yo no me diera cuenta de la caída de mi pelo… Yo, por supuesto, me daba cuenta aunque nunca se lo dije directamente. Hasta que un día fui al baño y tardé menos de lo habitual. Entonces llegué a mi cuarto y me encontré a mi madre recogiendo aquellos pelos que se habían desprendido de mi cabeza. Ella intentó ser todo lo natural que le salió en aquel momento. Aunque en su interior estaba cortadísima, reaccionó de manera natural porque no quería mostrarme la importancia que estaba suponiendo también para ella; no quizás por mi familia o por los demás, sino por miedo a cómo podría llegar a afectarme el perderlo.
Mis días transcurrían como lo hacen para cualquier persona, pero no era la misma vida que la de cualquier otro; era diferente. Había días en los que me encontraba bien, otros no tan bien y otros horrible…
Recuerdo un día en especial que me levanté como una mañana cualquiera. Me encontraba bien, cansada pero como siempre, para mí eso era el pan de cada día. En el almuerzo recuerdo que tenía mucha hambre y mi madre preparó una de mis comidas preferidas: puchero. Yo me senté y con muchas ganas me lo comí todo, pero con tan mala suerte que cuando me fui a meter la última cucharada me entró fatiga. Intenté rápidamente levantarme para ir al baño, pero desgraciadamente no tuve tiempo de llegar y me quedé a mitad de camino. En cuanto pude fui corriendo hasta que llegué y entonces ya no pude parar de vomitar.
Los vómitos de la quimio no son unos vómitos como otros cualquiera. Es complicado de explicar, pero es que todo te viene hacia arriba y todo lo echas, con una velocidad que no te da tiempo ni a coger una bocanada de aire. Le tenía tanto pánico al vómito porque dejaba todas mis fuerzas en él y llegaba a perder el equilibrio y casi desvanecerme. Mi madre, corriendo vino detrás mía y cuando me vio, me sujetó con mucha rapidez y me sostuvo como pudo. Fue un momento en el que se asustó muchísimo.
Pasadas varias semanas comenzaba a sentir que por fin me empezaba a recuperar; que por fin empezaba a recuperar mi vida... ésa que tanto anhelaba.
Se acercaba el día de terminar las clases… pero antes debía aprobar los exámenes finales, algo que no sucedió. Tampoco me preocupaba demasiado porque sabía que tenía dos posibilidades más, así que me puse en marcha y a estudiar todo lo que estaba en mis manos porque ese curso lo tenía que sacar fuera como fuese. Tenía pocos días para estudiar, pocos días para aprovechar al máximo mi rendimiento y esforzarme para cumplir ese objetivo.
Recuerdo que el día del examen estaba hecha un flan; muy nerviosa. Éramos al menos casi media clase los que teníamos que recuperar y todos estábamos atacadísimos. Cuando llegó mi turno me encontraba muy nerviosa pero a la vez muy segura de mí misma. Había luchado muchísimo para obtener el aprobado y así debía suceder. Entré, me senté y me puso el audio. Cuando lo escuché me quedé muy sorprendida de lo ligero que hablaba; ninguna persona habla así de rápido, pero aquella profesora tenía que poner el examen más complicado que pudiera, así era ella. Era un texto extenso, pero me centré y me puse en marcha. Puso la grabación y rápidamente me dispuse a signar, todo fluía. Omití algunos signos que no me dio tiempo, pero hice todo el texto. Estaba segura que lo había hecho bien.
A la semana siguiente me dieron las notas… esas notas tan esperadas, tan sufridas y que tanto esfuerzo me había supuesto, y… ¡¡¡HABÍA APROBADO!!! Cumplí definitivamente mi objetivo. Conseguí ese título que tanto me había costado y por el que tanto había peleado. Me encontraba muy contenta; todo marchaba muy bien. Poco a poco iban llegando los logros por los que tanto había luchado.
El día de mi graduación fue muy emocionante. En un principio no quise ir. Pensé que no tendría las fuerzas suficientes como para ir a una cena y pasar toda la noche, ni tan siquiera media hora… No me encontraba con cuerpo, además de no encontrarme físicamente agraciada ya que estaba empezando a palidecer y tenía muy poca cantidad de pelo. Mis amigas insistieron tanto que al final me convencieron. Iba a ser el último día juntas; el último día de todo el centro juntos. Así que cedí.
Pero antes debía pasar por la peluquería. Tenía que hacerme algo en el pelo para que se me notara lo menos posible toda la claridad de mi cabeza. Entonces le comenté al peluquero que me iba a poner extensiones. Le expliqué el problema que tenía y entonces él me dijo que me sentara y que no me preocupara ya que estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones. Aquel momento fue angustioso para mí. Antes de iniciar el proceso de ponerme las extensiones, intentó darme algo de volumen con los dedos… ¡dios, que horror!. Los pelos empezaron a caer como si de una lluvia se tratara. Por pudor, me callé y no le dije nada pero qué sufrimiento tenía… lo pasé verdaderamente mal. Por un momento sentí que me quedaba calva...
Cuando me las puso, todo el mal trago se me pasó; ¡me vi con pelos! como hacía tanto tiempo que no me veía. Qué feliz me sentí… aunque he de confesar que tenía miedo por la presión que hacían las extensiones en mi pelo ya que podían debilitármelo más y el resto que me quedaba caérseme. Pero decidí no pensar y disfrutar de ese gran día.
En la graduación me acompañaron mi hermana, mi cuñado y mi madre. Ni mi padre ni mi chico pudieron estar conmigo. Se sentían tristes por no poder estar a mi lado ese día tan especial, pero les era imposible. Cuando llegué todos estaban allí guapísimos/as, muy contentos e ilusionados. Años atrás me había graduado en otro Ciclo de Grado Superior: “Integración social”, pero jamás vi aquello como lo estaba aquel día. Estaba repleto de familiares; había cientos de personas, ¡qué vergüenza!. Iban nombrando de dos en dos. Mi familia estuvo a la espera de escuchar mi nombre para poder hacerme todas las fotos posibles y grabar ese momento. Cuando me nombraron, yo y mi compañera hicimos a la vez el pasillito hasta llegar a los profesores que nos ponían las bandas y nos daban los diplomas. Para culminar el acto de graduación, uno de mis compañeros leyó una carta agradeciendo a todos nosotros y al centro el año tan bonito que habíamos pasado; con lo bueno y lo malo...
En ese momento me encontraba hablando con una amiga y de repente sentí que me llamaban todos y me pidieron que estuviera atenta a mi compañero. Jamás esperaría la sorpresa que me tenían guardada. Me hicieron como un pequeño homenaje. Gran detalle por parte de todos mis compañeros; en especial a dos amigas ¡¡¡fue precioso!!!. No tenía palabras de agradecimiento. Mi familia y todos nos emocionamos muchísimo; fue algo inolvidable. ¡GRACIAS a todo@s!. Al final duré poquito en la cena pero me lo pasé genial.
Al día siguiente, me metí en la ducha y noté que el pelo se me caía un poco más de lo habitual, pero sabía que ocurriría por la presión que habían ejercido las extensiones en mi pelo durante todo el día anterior. Aunque cuando me lavé la cabeza me asusté bastante… Pensé que me quedaba sin pelo, que esta vez se me caerían todos. Me traje puñados y puñados de pelos; me puse tan nerviosa que empecé a llorar. Pensaba que había llegado el tan horrible momento de quedarme sin cabello… al rato, cuando tuve fuerzas para tocarme y comprobé que todo se había parado ya me calmé. Al final de aquellos días me quedé con muy poca cantidad. Para disimularlo, me pasaba las horas en el baño para ponerme una muy pequeña cola con extensiones cogidas en ella. Intentaba por todos los medios que mi pelo continuara cubriendo mi cabeza…
El tiempo pasó muy rápido; apenas pude aprovecharlo para que me diera el sol y pudiera coger algo de color y para intentar quitarme aquella palidez tan grande que tenía mi cuerpo. No era la típica blancura que todos tenemos en el comienzo de verano. Se notaba a distancia que era una blancura “no muy normal”.
La quimio, además de provocarme algunos de los efectos secundarios mencionados en anteriores capítulos, también me dejó muchas señales y manchas en mi cuerpo grabadas. Cada golpe que me daba se me quedaba marcado; cualquier cardenal e incluso el simple hecho de rascarme algo más fuerte de lo habitual ya me dejaba la señal de los arañazos… me sentía un ogro. Esto también comenzó a obsesionarme ya que me sentía que quedaría marcada para siempre y tenía ya demasiadas marcas en mi piel… Me preocupé hasta que un día -que nunca olvidaré-, estaba con mi chico y hubo un momento que mi mirada se paró en una de aquellas manchas. Acababa de descubrir otra maldita marca en mi piel y mi mirada se clavó en ella. Al verme y sentirme tan fea no pude controlarme y me desahogué... Mi chico al verme tan mal me hizo un comentario que se me quedó muy grabado (más grabado que aquellas manchas…) Me dijo: “no te sientas así, para mí cada marca de tu piel es un adorno en ella”, fue algo precioso. Me hizo sentir con esa frase bella e incluso segura de mí misma. Es una persona tan especial que nunca tendría palabras para describirlo. Es tan especial como un ÁNGEL.
Tras pasar un mes y medio, llegaba el momento de la cita con la radióloga… De nuevo debía ponerme en marcha y continuar el tan duro camino, aunque ya sentía que para mí era pan comido. Recuperé las fuerzas y de nuevo sentí que podía con todo. Me encontraba bien psicológicamente, que es la mayor de las fuerzas que puede tener una persona que esta pasando por esta enfermedad. De nuevo con el apoyo de mi familia, mi chico y esa fuerza que la sacaba de mis adentros lucharía hasta el final con uñas y dientes. Estaba dispuesta a pasar por lo que fuera sin que esta vez me superara nada ni nadie.




Os espero el próximo lunes con el siguiente relato de mi experiencia. Deseo que disfrutéis y aprendáis con ella como os intento transmitir. Gracias por seguirme.

2 comentarios:

  1. Ánimo, sigue desahogándote en este maravilloso relato, q una vez más pone color al sentido d la vida! Muack!

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  2. ¡¡¡Graciasssss mi amor por tu gran apoyo!!!Te quiero wapaa.

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