lunes, 15 de diciembre de 2014

Hasta luego Hodgkin

Tras terminar la radioterapia, continuaba encontrándome cansada. Poco a poco iba recuperando los días… recuperando mi vida muy lentamente. Aún tenía prohibido la exposición al sol. Solo podía ir a la playa en las últimas horas de la tarde y evitar todo lo posible el sol ya que de lo contrario me podía provocar una quemadura más severa en la zona de la radio. Por las tardes intentaba poco a poco caminar y hacer un poco de ejercicio para así acelerar el proceso de recuperación.
Mis días continuaban siendo de descanso. Definitivamente debía seguir descansando para recuperarme.
Necesitaba realizar un viaje y evadirme de todo por lo que había pasado; intentar olvidar aquellos malos momentos con los que tanto había sufrido… Entonces mi chico me propuso ir al pueblo de sus abuelos y así hicimos. Pasamos un fin de semana entero desconectado de todo, respirando aire nuevo y en definitiva recargando fuerzas para continuar luchando. Fue un fin de semana especial; mi primer fin de semana fuera de la rutina de mi vida.
Los días pasaban y me iba encontrando mejor. El cansancio aún continuaba pero era cada vez menos. Me encontraba cada día más feliz, valoraba todo muchísimo y cada momento lo vivía con mucha intensidad. Aunque por otra parte, empezaba a tener miedo… Me aterrorizaba pensar en que el tratamiento no había funcionado y en la posibilidad de volver a darme uno nuevo. Había algo en mí que no estaba segura del todo, pero rápidamente hacía todo lo posible para quitarme esa idea de la cabeza y de nuevo retomar mi vida. Intentaba justificarme continuamente y me hacía creer que ese cansancio tan duradero era normal ya que mi cuerpo había sufrido demasiado… No entraba en los nuevos planes de mi vida continuar enferma; eso no podía volver a suceder…
A finales de agosto era la feria del pueblo de mis padres, entonces aprovechamos para ir y así pasar tiempo con nuestras familias. Pensaba en salir de marcha, aprovechar esos días de feria con mi chico; disfrutar de todo, ¡que ya me tocaba…! Estaría dispuesta a hacer lo que me pidiera mi cuerpo sin venirme abajo.
Ese fin de semana, y como cada año, nos reunimos todos en casa de mi abuela para comer y festejar la fecha en la que nos encontrábamos.
Mi hermana me propuso salir el sábado de feria e ir de marcha y entrar en las casetas. Yo en principio tenía esa idea, pero le dije que todo dependería de como me encontrara. Al llegar el día, me levanté con fuerzas, con ganas, parecía que Dios me había concedido ese día para poder disfrutar como tanto quería. Por la noche empezamos a vestirnos y a arreglarnos. Aún podía venirme aquel cansancio y acabar con los planes que teníamos… pero afortunadamente no sucedió. Me vestí como hacía tiempo que no lo hacía; me maquillé y me puse mi cabello de forma que cubriera todos los claros de mi cabeza... que ya eran bastantes… Esperamos a mi cuñada en mi casa y cuando llegó nos fuimos todos juntos para la feria. Pasamos una noche genial. Mi cansancio no hizo estragos en mí como era lo habitual.
El tiempo pasaba y por fin empezaba a encontrarme cada día mejor, a veces cansada pero la mayoría no. Empezaba a sentirme persona, a disfrutar de lo que me rodeaba y de todo lo que tenía, de mis sobrinos, mi familia, mi pareja... empezaba a recuperar la felicidad.
Poco a poco veía cómo me crecía el cabello; cómo los pelos nacían de nuevo muy finitos, igual que los de los bebés. A medida que iba creciendo me lo notaba más fortalecido, más cabello “normal“. Ya al menos tenía toda la cabeza más o menos cubierta.
Mi novio venía cada fin de semana a verme. Se había apuntado a la autoescuela para superar su miedo a conducir y sacarse el carnet. Poco a poco, juntos conseguíamos todo lo que nos proponíamos.
Durante la semana quedaba con mis amigas y nos veíamos muy a menudo. Intentaba pasar con ellas todo el tiempo perdido. Me encantaba quedar todas juntas y reunirnos para disfrutar de nuestras largas charlas llenas de risas junto a nuestro cafelito. Estos momentos los guardo como de los mejores de mi vida. Ahora todos esos momentos los aprecio al detalle, cada momento supera al anterior, lo vivo con mayor intensidad.
Pasaban los días, las semanas... el tiempo pasaba muy rápido. Ya quedaba muy poco para hacerme la prueba final. La prueba decisiva a la que tanto respeto le tenía… aquella prueba que decidía mi futuro… la que me diría si el tratamiento había ido bien o debían ponerme otro nuevo. Cada día que pasaba me encontraba más nerviosa y con más miedo. Todo el tiempo pasado se me volvía a remover, cosa que me hacía sentir triste ya que recordaba todas las cosas malas que había vivido y por las que les había hecho pasar a toda mi familia. Mi abuela y mi tía habían sufrido también muchísimo. Todos lo habían pasado muy mal por mí y hasta que no me dieran los resultados definitivos no acabaríamos todo con ese sufrimiento. Todos estábamos a la espera de esa llamada tan importante, tan decisiva.
Hasta que llegó el tan temido y a la vez ansiado día. Me llamaron y me citaron para el día siguiente en el hospital Virgen del Rocío, en Sevilla. Me explicaron los pasos que tenía que seguir. Debía estar en ayunas durante 6 horas, estar en reposo sin hacer ningún tipo de ejercicio ni esfuerzo, no podía conducir el día de la prueba y debía estar muy relajada (cosa que me era imposible, aunque por lo menos debía intentarlo) Me recomendaron que una vez finalizara la prueba y llegara a casa debía ducharme y lavar mi ropa rápidamente sin mezclarla con otra ropa y durante ese día tenía prohibido acercarme a niños y mujeres embarazadas. Todas estas normas las debía de cumplir a raja tabla.
Aquel día estuve tranquila. Con la compañía de mis padres y mi novio me encontraba relajada. Cuando llegamos no tuve que esperar mucho para entrar. Entré y primeramente debían hacerme un test de embarazo (puro protocolo). Una vez me lo hicieron y dio negativo, entré en una sala pequeña que estaba dividida por una cortina. Había dos sillones y dos goteros. En el otro lado de la cortina había un señor sentado con el gotero ya puesto. Me senté en el otro sillón y una enfermera muy agradable me dijo que me pusiera cómoda puesto que debía estar allí una hora enchufada y relajada. Primero me pusieron suero y más tarde vino con una bandeja y un objeto encima que daba bastante miedo. Era una jeringuilla enorme y de acero la cual contenía radiación. Me lo pusieron en el gotero y de nuevo se marchó quedándonos en aquella habitación aquel señor y yo. Al principio me encontré algo nerviosa cuando me senté, pero a medida que me iba entrando el gotero mis nervios iban desapareciendo. El gotero contenía entre muchas otras cosas un calmante y era algo que lo notabas al rato de estar enchufada. Tras pasar una hora, la enfermera vino a quitarme el gotero y me dijo que antes de pasar por la máquina fuera al servicio. Seguí sus indicaciones y acto seguido me hicieron pasar a la habitación con la máquina. Me senté en la camilla y me tumbé. Como siempre, debía estar muy quieta y con los brazos muy estirados hacia arriba. Cuando la máquina comenzó a funcionar y poco a poco entraba en aquel pequeño túnel, me volvieron a invadir los nervios. Empecé a rezar; a pedirle a Dios que acabara con toda aquella pesadilla. Le pedía con todas mis fuerzas que fuera la última prueba decisiva y que ya no volviera hacerme ninguna otra, sólo las rutinarias para las revisiones. Rezaba mucho, rezaba sin parar mientras observaba una especie de cuadro con el universo dibujado que había justo arriba. Era precioso. Me centré tanto en aquel cuadro que dejé de rezar y me llegué a evadir de aquella sala. Tanto me evadí que ya no recordaba estar allí. Me teletransporté como a una especie de sueño. Fue extraño. Nunca antes había pensado en casarme; no entraba en mi cabeza el hecho de encontrar a una persona en mi vida y casarme, firmar unos papeles y una persona extraña confirmar que ya somos marido y mujer para toda la vida. Siempre estuve en contra de esas cosas, hasta que encontré a mi novio. Desde que lo conocí, y pasando por la experiencia de tener cáncer, algo se ha infundado dentro de mí y ahora es uno de mis sueños. Pues bien, en ese momento de evasión, no se por qué, pero imaginé mi boda. Era todo muy real. Vi como íbamos vestidos, la música de la ceremonia, la celebración, todas nuestras familias reunidas, nuestras caras de felicidad. Un sueño precioso; casi casi real. Me dejé llevar tanto por mi imaginación que mientras veía todas las imágenes pasar, de repente escuché una voz que me decía que ya podía bajar los brazos. Había acabado la prueba. Regresé de nuevo a la vida real. Cuando me levanté de la camilla de nuevo me volvieron a aparecer los nervios.
Salí de aquella habitación y los enfermeros se despidieron de mí. Mientras iba cruzando el pasillo en otra pequeña habitación había un doctor mirando las imágenes del PET. Cuando me vio me llamó y me hizo entrar en aquella sala. Fue algo que me asustó mucho. Rápidamente le pregunté si había visto algo raro, pero me tranquilizó y me dijo que no, que sólo era una duda que tenía. Me preguntó si también me habían radiado en la parte del cuello, y le dije que en una pequeña parte sí, entonces con semblante serio se despidió de mí y me marché.
Salí muy asustada y en cuanto me reencontré con mis padres y mi chico se lo hice saber. Ellos me tranquilizaron diciéndome que solo era una duda, que si hubieran visto algo extraño me lo hubieran dicho en el momento. Pero algo dentro de mí me decía que algo no iba bien… yo me encontraba bien y todo estaba funcionando como debía pero había una pequeña parte en mí que tenía dudas… Cuando nos fuimos decidí no volver a pensar en ello y dejar que fuera lo que DIOS quisiera.
Cuando llegamos a San Fernando me encontraba algo cansada del viaje, pero mis amigas querían verme. Entonces hice un pequeño esfuerzo y quedamos en el lugar de siempre y también me acompañó mi chico. Lo pasamos tan bien que en ningún momento pensé en lo que había sucedido.
En los días posteriores estuve bastante nerviosa. Quería pensar en positivo, pero solo me merodeaba por la cabeza aquella pregunta. Todos los días rezaba sin parar, le pedía a DIOS que aquello pasara de una vez, que me dejara volver a mi vida, y así poder recuperar todo aquello que antes tenía, UNA VIDA.
Cuando mi novio se tuvo que marchar para su casa empecé a estar más intranquila, así que me fui a pasar esos días de espera a casa de mi hermana y pasar tiempo con mi sobrino pequeño para intentar no pensar en los resultados de la prueba. Los días pasaban y se me hacían eternos... Una vez estuvieran los resultados, mi doctora me llamaría por teléfono y me comunicaría la noticia. Yo le pedí que no me llamara a mí directamente. Le comenté que prefería que llamara a mi casa y le diera la noticia a mi madre antes que a nadie. Necesitaba escuchar el resultado solo de la boca de mi madre; una voz tranquilizadora y conocida, tan conocida que antes de que me dijera nada ya sabría si estaba bien o no.
Una mañana de la semana siguiente, día 13 de Noviembre de 2013 nos dispusimos a salir mi hermana, mi sobrino y yo. Yo siempre iba con el móvil en la mano pendiente por si me llamaban. Estuvimos toda la mañana paseando y antes de volvernos a casa entramos en una tienda. Viendo las cosas me sonó el móvil, me miró mi hermana y corriendo cogió al peque y fuimos fuera. Era mi madre, ¡ya estaban los resultados! recuerdo que no quería ni escucharla, estaba tan nerviosa que mi corazón se me iba a salir. Descolgué y de pronto escuché a mi madre llorando y pegando gritos, ¡¡¡TODO HABÍA ACABADO!!! Mi hermana y yo nos pusimos a gritar y saltar en medio de la calle. Cogimos a mi sobrino y los tres nos abrazamos, gritando y llorando al mismo tiempo. Por fin todo había terminado, todo el sufrimiento y la lucha había finalizado... Rápidamente llamé a mi padre, mi novio y mi hermano para darle la noticia mientras íbamos para mi casa, todos llorando y llenos de alegría. ¡Aún no me lo creía! Había llegado el día tan esperado, con el que tantas veces había soñado, ¡¡¡no me lo podía creer!!!
Cuando llegamos a mi casa mi madre abrió la puerta y se abalanzó sobre mí dándome el mayor abrazo de toda su vida. Fue tan fuerte que casi me asfixia. Mi novio me dijo que cuando comiera cogería el tren y vendría a verme para estar conmigo en ese día tan importante. Todos nos reuniríamos en mi casa para celebrarlo. Por la tarde, mis padres compraron una tarta y todos juntos lo celebramos. Fue un día muy muy especial; nunca lo olvidaré…
Al día siguiente, tenía que visitar a mi doctora. Cuando entré, muy contenta me felicitó y me dio la enhorabuena. Ya todo había acabado, aunque leyéndome el informe me dijo que había quedado alguna duda de unas células del cuello y rápidamente me acordé del día del PET, de lo que me preguntó el médico. Mi doctora me calmó y me dijo que no tenía importancia, que salían como unos restos pero que seguramente sería de la radio; serían células necrosadas a causa de la radiación. Yo confiaba en mi doctora. Para asegurarnos, me mandó una ecografía y así poder descartar cualquier cosa. Me hicieron la prueba y todo salió muy bien; definitivamente eran restos de células muertas a causa de la radioterapia. Mi doctora se despidió de mí y ya no nos volveríamos a ver hasta dentro de 6 meses, para hacerme la primera revisión que sería un Tac.
Muy contenta y ya más tranquila regresé a mi casa, aunque una parte de mí aún no estaba calmada, intuía que algo continuaba fallando.

Por fin todo había terminado, o eso pensábamos...

2 comentarios:

  1. Nunca tranquila...siempre un pero...vaya telita hija....mereciendo la pena leerte siempre, te mando un beso enorme campeona!!!

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  2. Hola guapa! Soy Rocío amiga de tu prima Pili, hace mucho tiempo que no nos vemos pero no creas que me olvido de ti eh, cada vez que estoy con ella le pregunto que como sigues. En apenas dos ratitos me he leído toda tu historia, me has enganchado, estoy deseando que llegue mañana para seguir leyendo, me has echo llorar, me has sacado una sonrisa e incluso lágrimas de felicidad al saber que estas bien y que está pesadilla está acabando! Gracias por hacernos llegar tu historia con todo detalle, momentos que te ponen la piel de gallina y te dejan sin palabras... Y sobre todo por ayudar y hacer ver a la gente que está pasando estos malos momentos que se puede salir!! A tu chico no le conozco pero tiene que ser una maravillosa persona, me alegro muchísimo que esteis bien y seáis felices! Y nada guapa que espero verte muy pronto y darte un gran abrazo!! Ah y no dudes en que seré la primera en comprar tu libro! Cuidate wapisima, te deseo todo lo mejor, pronto estarás cumpliendo tu próximo sueño!! Mil besos ��

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