Al
día siguiente me llevé todo el camino en coche hablando con él.
Cuando llegué a mi casa continuamos hablando. Nos daban las horas y
las horas hablando, no pasaba el tiempo para nosotros.
Esa
persona tampoco pasaba un buen momento en su vida, ambos llegamos en
el peor momento y fuímos un apoyo fundamental para cada uno.
Mis
días volvían a ser como antes. Llegaba el momento de ir a clases y
no me suponía un sacrificio. Mi vida volvía a la normalidad.
Nunca
nos cansábamos de hablar. Todos los días hablábamos hasta
quedarnos dormidos. Mis días de quimio volvían a ser fuertes y los
efectos secundarios volvían a durar menos tiempo.
Me
volvía a sentir con fuerzas, con ganas de luchar y comerme el mundo,
a sentirme realizada. Volvía a recuperar la alegría, alegría que
transmitía. Sentía que Dios me había compensado, que la vida me
había compensado con el mayor de los regalos; el amor de una amistad
que más tarde se convertiría en amor eterno.
Los
días pasaban y nosotros continuábamos hablando sin cesar, a todas
horas sin forzar nada. La relación fluía por sí sola, todo era
perfecto hasta llegar marzo. Volvían los exámenes.
Un
día llegué a clases y ya se habían puesto las fechas para los
exámenes y casualidad... el exámen más difícil coincidía con una
quimio. Entonces decidí hablar con la tutora que era quién impartía
esa clase, aunque todos ya conocían mi problema. Pensaba que
hablando con ella me cambiaría la fecha al saber de lo que se
trataba. No era ninguna cita ni otra cosa, era tratamiento.
Pese
al problema que tenía me dijo que no podía cambiarme la fecha, que
debía ser yo la que tenía que amoldarme de alguna forma a las
clases y exámenes.
Aún
así decidí presentarme terminada la quimio.
En
el hospital estuve practicando algo de vocabulario, aunque poco podía
hacer porque a las pocas horas ya el sueño se apoderaba de mí y
tenía que dormir.
Cuando
terminé le pedí a mi madre que me acompañara para hacer el examen.
Mi madre viendo en las condiciones en la que me encontraba me
aconsejó que no me presentara, que lo dejara para la siguiente
evaluación. Pero no quería rendirme sin al menos haberlo intentado.
Ésta
vez salí algo mareada, pero seguía pensando en presentarme.
Entonces mi madre me acompañó y se quedó hasta que terminara el
examen, porque no podía regresar a mi casa sola, ya que mi cuerpo
por cada hora que pasaba se iba encontrando más débil.
Antes d dormir, me obligas a leer esta historia q aunq dura , la plasmas con el sentimiento q sólo la protagonista y heroína d este futuro libro podría dar. Ànimo, tienes mi apoyo, tqm
ResponderEliminarestoy enganchadisimaaaa!!!! eres una mujer muy fuerte! tqq
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