domingo, 9 de noviembre de 2014

¡¡ Yo puedo !!

Al día siguiente me llevé todo el camino en coche hablando con él. Cuando llegué a mi casa continuamos hablando. Nos daban las horas y las horas hablando, no pasaba el tiempo para nosotros.
Esa persona tampoco pasaba un buen momento en su vida, ambos llegamos en el peor momento y fuímos un apoyo fundamental para cada uno.

Mis días volvían a ser como antes. Llegaba el momento de ir a clases y no me suponía un sacrificio. Mi vida volvía a la normalidad.

Nunca nos cansábamos de hablar. Todos los días hablábamos hasta quedarnos dormidos. Mis días de quimio volvían a ser fuertes y los efectos secundarios volvían a durar menos tiempo.
Me volvía a sentir con fuerzas, con ganas de luchar y comerme el mundo, a sentirme realizada. Volvía a recuperar la alegría, alegría que transmitía. Sentía que Dios me había compensado, que la vida me había compensado con el mayor de los regalos; el amor de una amistad que más tarde se convertiría en amor eterno.
Los días pasaban y nosotros continuábamos hablando sin cesar, a todas horas sin forzar nada. La relación fluía por sí sola, todo era perfecto hasta llegar marzo. Volvían los exámenes.


Un día llegué a clases y ya se habían puesto las fechas para los exámenes y casualidad... el exámen más difícil coincidía con una quimio. Entonces decidí hablar con la tutora que era quién impartía esa clase, aunque todos ya conocían mi problema. Pensaba que hablando con ella me cambiaría la fecha al saber de lo que se trataba. No era ninguna cita ni otra cosa, era tratamiento.
Pese al problema que tenía me dijo que no podía cambiarme la fecha, que debía ser yo la que tenía que amoldarme de alguna forma a las clases y exámenes.
Aún así decidí presentarme terminada la quimio.
En el hospital estuve practicando algo de vocabulario, aunque poco podía hacer porque a las pocas horas ya el sueño se apoderaba de mí y tenía que dormir.

Cuando terminé le pedí a mi madre que me acompañara para hacer el examen. Mi madre viendo en las condiciones en la que me encontraba me aconsejó que no me presentara, que lo dejara para la siguiente evaluación. Pero no quería rendirme sin al menos haberlo intentado.


Ésta vez salí algo mareada, pero seguía pensando en presentarme. Entonces mi madre me acompañó y se quedó hasta que terminara el examen, porque no podía regresar a mi casa sola, ya que mi cuerpo por cada hora que pasaba se iba encontrando más débil.

2 comentarios:

  1. Antes d dormir, me obligas a leer esta historia q aunq dura , la plasmas con el sentimiento q sólo la protagonista y heroína d este futuro libro podría dar. Ànimo, tienes mi apoyo, tqm

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  2. estoy enganchadisimaaaa!!!! eres una mujer muy fuerte! tqq

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