jueves, 13 de noviembre de 2014

Noticias de Hodgkin

Llegó el día. Me levanté muy temprano porque la prueba me la hacían a las 8 de la mañana. En ayunas y antes de que llegara al hospital tenía que tomarme dos botes bastante grandes que contenían un líquido espeso. No puedo describir el sabor que tenían. Nunca he probado nada igual (¡y espero no tener que volver a hacerlo!). Lo único que puedo decir es que estaba asqueroso; era repulsivo. Daba sorbitos al principio pero luego ya se me hacía imposible. Mi cabeza me obligaba pero mi estómago no me lo permitía. En esos momentos intentaba pensar en HODGKIN para que me diera fuerzas y así poder acabarme, al menos, uno de los dos botes. Me monté en el coche y aún seguía bebiendo ese líquido interminable.
Llegamos al hospital mi madre, mi hermano y yo. Sentados esperamos a que mencionaran mi nombre. Cuando lo escuché, me levanté y entré en la habitación.
Volví a encontrarme con aquella máquina extraña, con aquel olor tan peculiar y con el frío que desprendía esa habitación.
Al ver el enfermero que no me había terminado ni siquiera un bote me obligó a tomar un par de sorbos más. Cuando acabé, me puse la bata y dejé conmigo una estampa de la Virgen de la Milagrosa; imagen que me había regalado otra mejor amiga.
Cuando empezó a funcionar la máquina comencé a recordar las palabras del chico… “Todo saldrá bien”… Intenté tranquilizarme y me puse a rezar. Tenía mucho miedo… no dejé de rezar en todo el proceso de la prueba. Necesitaba a Dios cerca de mí.

Los resultados solo tardarían un par de días. Mi doctora era muy positiva. Estaba convencida de que todo iría bien.
Cuando llegamos a la cita para recoger los resultados mi madre, mi hermano y ésta vez mi padre también estábamos expectantes ante la noticia. Después de esperar un minuto empezó a hablar la doctora. El tratamiento estaba haciendo efecto, ¡el linfoma se había reducido a la mitad! Todo fueron grandes noticias; todos salimos muy contentos. Estaba deseando llegar a mi casa y contárselo al chico.
Cuando llegué a mi casa lo primero que hice fue ir a mi habitación y mandarle un mensaje con la gran noticia. ¡¿Qué digo con la noticia…?! ¡¡¡con el notición!!! Por supuesto, se alegró tanto como yo. Su enhorabuena la sentí de corazón. Poco a poco
recuperaba mi alegría; todo marchaba sobre ruedas gracias al apoyo que recibía a diario de mi familia, mis amigas y el chico.
Las clases ya marchaban mejor. Por fin conseguí ponerme al día con la entrega de trabajos y grabaciones de vídeos en lengua de signos.

Pero lo bueno dura poco… y poco me duró esa felicidad. En la siguiente quimio que tuve lo pase fatal. Mis venas empezaban a formar un camino negro en mis brazos; se empezaban a debilitar y ya no tenían fuerzas; ya no aguantaban el último líquido de tratamiento. Sentía como entraba por mis venas y me las quemaba poco a poco. Tenían que inyectármelo mezclado con suero, porque era imposible de aguantarlo.

Salí de allí muy mareada. Nada mas llegar a mi casa no hice más que vomitar. El sabor a metal era tan intenso que me provocaba unas imparables náuseas y mi cuerpo sentía un dolor enorme. Ni siquiera tenía fuerzas para hablar con la única persona que me daba fuerzas. Mi cabeza cada vez tenía más claros; menos cabello. En mi almohada había una continua bola de pelos; poco a poco sentía que no existía… A veces llegué a pensar que antes de pasar por ese estado prefería estar muerta, porque al menos no sentiría ese dolor que me devoraba.
Poco a poco iba decayendo de nuevo psicológicamente, pero ésta vez más.

De nuevo vino a verme el chico y volvió a devolverme algo de fuerzas.
Ésta vez lo llevé a mi casa y comimos con toda mi familia. En mi casa ya lo veían como si me hubieran mandado desde el Cielo a un Ángel para que cuidara de mí… un milagro; me había cambiado para bien. Toda mi felicidad se la debía a él. Era el principal motivo que me daba fuerzas para continuar. Pasamos otro maravilloso fin de semana. El domingo antes de irse fuimos a pasear por Cádiz; por la playa, y allí escuchamos de nuevo las olas.

Pese a mi aspecto, me hacía sentir bella. Me hacía sentir la persona más especial en la faz de la Tierra. Cuando llegamos a la estación de trenes, ya no fue como la vez anterior. Algo en nuestras miradas había que necesitábamos decir pero que ninguno se atrevía a pronunciar. Existía un sentimiento cada vez más fuerte. Entonces me dio un beso y me dijo que estaba empezando a enamorarse de mí, que sentía que me quería. Yo impactada no supe que decir, y él de nuevo dijo que no hacía falta que dijera nada; sobraban las palabras… Sonrió, se dio la vuelta y se marchó.

Él sabía que yo también lo quería, que lo nuestro era algo especial; algo mágico. Siempre habíamos estado a dos pasos, un pueblo pegado al otro y nunca nos habíamos cruzado hasta este preciso momento. Cuando más necesitábamos un apoyo aparecimos. Estábamos predestinados a conocernos y a que nuestras vidas se unieran para formar una sola.
Cuando me mandó un mensaje y me dijo que ya había llegado le escribí un largo texto explicándole la ausencia de mis palabras en el momento de su te quiero. Le dije que yo también le quería, pero que tenía miedo a poder hacerle daño. No quería que hubiera entrado en mi vida de la forma en la que lo hizo, pero no pude controlarlo. No quería que en algún momento mi situación le superara y pudiera con él y todo eso llegara a hacerle daño; tenía miedo de que eso sucediera. Pero él se encargó de tranquilizarme y decirme que me dejara llevar sólo por mis sentimientos y lo demás llegaría, que confiara en él, y así hice.

A raíz de ese día ya nos veíamos todos los fines de semana. Algunos venía él y otros iba yo, pero no había semana que no estuviéramos juntos. Mis padres ya eran conocedores de la relación que teníamos y estaban muy contentos de la persona que había elegido; les encantaba.

2 comentarios:

  1. Es increíble e indescriptible todo x lo q pasaste,pero eres muy fuerte y tus ganas de seguir adelante.....te quiero wapa gracias x ser como eres

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  2. Esta parte me la perdí ayer pero hoy, como el resto d tus seguidores ya no podía dejarte d leer...eres fortísima!

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