miércoles, 5 de noviembre de 2014

HODGKIN

DESCUBRIENDO A HODGKIN

Ésta es mi historia, una historia real que de alguna forma necesitaba transmitir tanto a aquellas personas que hayan vivido mi misma experiencia como a las que no. Historia jamás contada tan detalladamente. Espero que os llegue de la misma forma con la que he querido transmitírosla.

Todo comenzó en el verano de 2012. Tenía 26 años y cursaba un grado superior de I.L.S.E (Intérprete de Lengua de Signos Español). Comenzó siendo un verano como otro cualquiera, pero a medida que iban pasando los días me encontraba peor y mi peso bajaba como la espuma, hasta llegar alcanzar los 39 kilos. Casi todas las semanas iba a mi doctora a contarle como me sentía y pedirle una analítica, pero como cada semana, ella me daba largas diciendo que era un problema psicológico y no hacía aún seis meses de mi última analítica como para volver a hacerme otra.
Los problemas iban aumentando y mi estado se estaba convirtiendo en lamentable. Mis días se convirtieron en dormir... no me apetecía ir a la playa, salir con mis amigas, comer...solo necesitaba dormir. Me estaba convirtiendo en una persona horrible, siempre enfadada, apática, asqueada de la vida, sin ilusión, todo se volvía en un sacrificio para mi.

Mis días iban cada vez a peor, me sentía débil, muy cansada, sin apetito, con muchísimo dolor de espalda, sin aliento como para dar tan solo un par de pasos. 
Tantas veces que fuí a mi doctora y según ella todo era psicológico y contractura muscular, pues al final acabé creyéndomelo, aunque una parte de mí empezaba a intuir que me ocurría algo malo, sobre todo en el momento del baño (algo extraño). Sentía como si me lo susurraran al oído, pero jamás quise aceptar esa intuición, siempre tenía una excusa para lo que me estaba ocurriendo y me decía a mí misma: No como porque en verano nunca tengo apetito, me encuentro cansada porque seré algo vaga, tengo tanto dolor de espalda por mi escoliosis múltiple, me asfixio porque tendré que dejar de fumar... Y continuamente para todo sacaba una justificación.

En julio, jústamente en la feria de mi pueblo, volví a pedir cita para mi doctora, la que definitívamente me había diagnosticado Anorexia Nerviosa. Me derivaron a un psicólogo y éste a su vez, me dijo que me volviera a mi casa porque yo no tenía ningún tipo de problema psicológico y menos aún, problema con la comida.

Pues volví a ir de nuevo al médico, pero para mi sorpresa mi doctora no estaba, había un sustituto que para mí fue y será siempre mi ángel de la guarda.
Nada más acogerme le expliqué todos mis síntomas y lo primero que me dijo después de sus preguntas pertinentes de protocolo fue... empezaremos por lo biológico y si no es nada pues ya pasaríamos a lo psicológico.

Pues bien, me mandó varias analíticas, orina, sangre... se puso al corriente de mi historial médico. Todas las perfectas actuaciones como buen profesional.
A la semana siguiente volví a por mis resultados, no con las buenas noticias que esperaba escuchar. Me dijo que salían leucocitos y trombocitos descompensados a causa de cualquier infección que pudiera tener...o no. Para ello se me debía de estudiar, entonces me derivó al Hospital Puerta del Mar (Cádiz), a medicina interna, donde me hicieron todo tipo de preguntas y de pruebas. Ahí fue donde ya mis padres empezaron a alarmarse, en cambio yo no me quería creer todo lo que me estaban haciendo o no era consciente de toda la situación. 
Poco a poco el presagio del momento del baño estaba más cerca, pero con sentimiento contradictorio, quería y no lo quería creer.

Me hicieron análisis de todo tipo, radiografías... ahí fue donde ya empezó a aparecer todo muy poco a poco. En esa radiografía me apareció que el pulmón derecho estaba totalmente lleno de líquido pleural y me tenían que extraer una muestra a través de una punción, motivo por el cual me asfixiaba con tan solo dar un par de pasos.

Ese año no fue el mejor año de mi vida que digamos, en febrero murió mi abuela materna, la reina de la casa, el pilar de la familia...y mes más tarde una compañera por cáncer.

No podían pasar más cosas en mi familia. Las cosas no podían ir a peor, no podían darles más noticias malas a mi madre y todo esto sólo era el comienzo de una larga y lenta historia.

En la punción todo salió muy bien. Estuve con la compañía de mis padres, ambos muy preocupados e intentando aparentar que todo iba muy bien. Me sentaron en una camilla y tras ponerme la anestesia local (anestesia que para mí no hizo efecto), me punzaron con una aguja de enormes dimensiones en la espalda. Muy quieta, el doctor solo sabía decirme que lo estaba haciendo muy bien y que pronto acabaría.

Tras sacarme el líquido me hicieron esperar unos diez minutos quieta allí sentada para no darme un posible desmayo. Después de la punción y haber pasado toda la mañana en el hospital, continuamos a regresar a mi casa.
Después de ese día, creyendo que todo había sido una pesadilla, volvimos a la calma, tan solo por unos días. Yo al día siguiente estaba muy dolorida sin apenas poder andar, pero era un supuesto gran día y debía estar bien, era el día de mis 27 cumpleaños..

Mis amigas me habían preparado una merienda en un bar cercano a mi casa, y por muy dolorida que estuviera debía asistir. Era un día gris de lluvia, un día feo y triste, pero tenía que estar feliz por mi cumple y por la celebración.
Cuando llegué todos estaban esperándome, yo apenas podía moverme porque me dolía mucho la espalda, pero intenté disimular todo lo posible y pasar un rato agradable y sin pensar un segundo en todo lo que estaba sucediendo y había sucedido. Lo pasamos muy bien, pero estuve poco tiempo porque el dolor era cada vez más intenso. 
Una amiga que llegó más tarde me acercó a mi casa en coche, aunque estaba cerca de mi casa pero no podía dar un solo paso. Cuando llegué me miré la espalda y estaba muy hinchada, lo único que me apetecía era cenar y dormir y así hice, hasta el día siguiente que de nuevo tenía cita con el médico.

Por la mañana temprano llegamos a consulta mi madre y yo, ya que mi padre no podía faltar más días al trabajo. Mi madre, como toda madre que conoce a su hija ya sabía que algo grave me pasaba, porque mi estado iba agravándose a medida que pasaban los días. 
Cuando entramos a consulta el doctor nos saludó como cada vez que íbamos a visitarle, era una persona cercana y entrañable. Nos hizo sentar y nos explicó que todos los resultados de las pruebas que me había hecho estaban saliendo bien, pero debía seguir profundizando más. 
Ese día debía hacerme la prueba de la tuberculosis, que consistía en introducirme una pequeña cápsula en el brazo y esperar a que me hiciera reacción, pero también resultó negativo. 
El doctor me volvió a citar una semana más tarde para continuar con más pruebas porque no sabía lo que me ocurría.
Cuando salimos de consulta, nos despidió fuera y mi madre muy preocupada le miró a los ojos y le cogió de la mano. Le rogó que le dijera la verdad, que si lo que me estaba pasando era algo grave, y él le contestó que no se preocupara, que todo iba a salir bien.
Dos días después tenía cita para una extracción de muela, también en Cádiz, pero ese día ya no me levanté bien.
Cuando íbamos en el coche (coche de mi hermano porque yo no podía conducir), me empezó a dar un dolor en la parte izquierda del abdomen, era un dolor fuerte. Entonces mi madre decidió que fuéramos a visitar a mi doctor antes de ir a sacarme la muela, y comentarle lo que me ocurría. Y así hicimos.

Subimos a la novena planta donde se encontraba y nos hizo un hueco para verme. Cuando le expliqué como me encontraba dijo que solo serían gases, pero que aun así fuera por urgencia en su nombre para que me hicieran pruebas de forma urgente. Y cuando conociera los resultados que se le informara.


De inmediato dejamos la cita que teníamos con el maxilofacial y acudimos a urgencias. Después de una analítica me colocaron un gotero para calmar el dolor. Al principio creyeron que sería un cólico nefrítico, pero a medida que iban pasando las horas me iban examinando y preguntando. 
Esa posible causa desapareció y decidieron ingresarme para encontrar rápidamente el motivo del dolor y de todo lo que me estaba ocurriendo.